La OMS inventaría cien enfermedades destacando, por primera vez, los factores ambientales (contaminación, estrés, paro, pobreza, etc) por encima de las particularidades del paciente, y aunando también dolencias físicas con psicosomáticas, como la depresión.

 

Nos interesa destacar una reciente comunicación de la Organización Mundial de la Salud donde se hace el inventario de más de cien enfermedades, inventario que presenta un par de puntos originales y no tan habituales.

El primero es el ángulo en que la OMS considera estas enfermedades: el ángulo hace centro en el factor ambiental más que en las particularidades del paciente individual. Se subraya cómo muy distintos aspectos negativos del medio ambiente concurren como factores que tienen su propio peso específico para que alguien termine con un accidente cerebro vascular, o con algún tipo de tumor, o con toda clase de trastornos cardíacos, digestivos, etcétera. En este orden de cosas se toman en cuenta desde la contaminación ambiental hasta formatos de la vida social que generan stress, como podrían serlo la inseguridad laboral, la desocupación, la exigencia desmedida en el campo del trabajo, la pobreza… en fin, todo lo que hace a condiciones de vida para nada saludables: hacinamiento, mala alimentación, higiene deficiente, coberturas sociales deficitarias, etcétera. Todo esto no es nuevo, pero lo que allí suena nuevo es la manera decidida en que la OMS lo subraya y lo pone en primer plano, contra la habitual tendencia médica, y a veces también psicológica, de considerar al paciente como un individuo aislado, que enferma al no saber cuidar de sí mismo.

 

El segundo punto, también a destacar, es que en ese inventario la OMS engloba enfermedades típicamente físicas con otras psicosomáticas o francamente psíquicas, particularmente la depresión. Esto es importante en función de atravesar esa línea divisoria artificial e insostenible entre cuerpo y psiquismo.

 

Por otra parte merece ponerse de relieve el hecho de que la OMS realice tanto énfasis en hacer justicia a la incidencia patógena de factores puramente socioculturales, ambientales, en una época en que -usando mal el notable aumento de conocimientos sobre la importancia de los factores genéticos- se suele fácilmente caer en una monocausalidad geneticista que pretende explicar todo por vía de la herencia, minimizando el peso del medio. En ese sentido diríamos que, probablemente sin saberlo, el informe de la OMS tiene un sello muy winnicottiano, recordando la primera gran innovación hecha por Donald Winnicott en su propia manera de pensar el psicoanálisis, innovación que consistió en poner de relieve de manera inédita para esta disciplina lo que él denominó el factor ambiental. El psicoanálisis en todo su período clásico se había destacado por su originalidad en cuanto a tomar en cuenta el papel de lo fantasmático, para bien y para mal, en el psiquismo humano; al hacerlo, como era inevitable, tendió durante bastante tiempo a no tomar lo suficientemente en consideración el papel de aquellos factores ambientales, familiares y no familiares.