Encuentro R2-E4 / ¿2 x 1?

 

Algunas panorámicas sobre la actividad que tuvo lugar en Trelew, Chubut / Reflexiones acerca del aberrante intento de 2 x 1

 

El encuentro organizado por R2-E4 se materializó en los días previstos del pasado mes de abril, viernes 28, sábado 29, con sendas conferencias de Marisa y Ricardo Rodulfo en un clima festivo y entusiasta que reunió cerca de trescientas personas, en su mayoría psicopedagogas y psicólogas chubutenses. Como suele suceder en esas latitudes patagónicas se destacó el interés de los colegas, su entusiasmo por encuentros personales que rompen el aislamiento y el buen nivel de sus preguntas y cuestionamientos, en los que sobresale su inquietud por las dimensiones y repercusiones sociales del trabajo psicoanalítico y sus deseos de un replanteo profundo de la educación, un replanteo donde se nota una preocupación por superar las jerarquías burocráticas y reflexionar a fondo sobre las relaciones de poder que la afectan y marcan. Todo esto hizo al espíritu cálido e informal que presidió el encuentro, donde se contó con un explícito apoyo de autoridades provinciales y municipales además de los auspicios de los  colegios profesionales implicados por la convocatoria. Por supuesto, esto también sirvió para que R2-E4 subrayaran la dirección progresista y de apertura de sus propuestas, incluyendo la de su proyecto de formación profesional de docentes.

 

En un orden completamente distinto de cosas nos ocupó y nos ocupa una noticia que sorpresivamente golpeó a la opinión general, tanto en Argentina, país involucrado, como en el resto del mundo: la del 2 por 1 dispuesta por la Corte Suprema de la Nación. Más allá de lo explícitamente político, la noticia nos demanda toma de posición por estar inevitablemente involucrados en tanto analistas en todo lo que haga a la salud de la población del país en que vivimos, y aún más allá de sus fronteras, en todo lo que haga a la condición humana y a la defensa de sus derechos fundamentales. En efecto, la medida resuelta no parece haber pensado ni tenido en cuenta lo suficiente los cuidados extremos que requiere la elaboración -así sea una mínima elaboración- de una situación traumática colectiva de tamaña envergadura como la que concierne al genocidio, secuestro de bebés y otras graves violencias padecidas. Las secuelas de semejante situación experimentada por la población son interminables y de larga complejidad; no pueden ser minimizadas por gestos políticos superficiales que pretendan dar esto por terminado de una manera voluntarista y carente de fundamento científico. Nada de lo poco que hoy sabemos de los efectos de graves traumatismos apoya tales pretensiones de cerrar por decreto una etapa cuando están tan vivos sus efectos y tan dolientes las heridas.

 

Cabe decir lo mismo de llamadas a una reconciliación que, para poder tener alguna chance de funcionar, debería en primerísimo lugar comenzar por un detallado reconocimiento, pedido de perdón, muestras de genuina aflicción y remordimiento por parte de los responsables ahora favorecidos. Mal puede haber reconciliación sin todo eso y cuando se escuchan aún tantas manifestaciones de soberbia al respecto. La iglesia misma, que se coloca en posición de mediador neutral, debería empezar por una larga disculpa por su complicidad con lo que sucedió.

 

No existe nada peor, es difícil imaginar algo peor que el terrorismo de Estado. Todo terrorismo es condenable, es aciago y macabro, y por eso mismo el ejercido por un Estado es aún mucho más aborrecible y maligno. Si a uno todavía le pueden indignar desplantes de arrogancia por parte de activistas y ex guerrilleros, cuanto más todavía es de indignante idéntica actitud por parte de personas que formaban parte de un gobierno y de sus instituciones. La medida, entonces, al desconsiderar todos estos elementos, no cuida de la salud psíquica del pueblo argentino, y esto no en relación a familias que padecieron en carne propia aquella violencia sino simplemente tomando en cuenta la salud del pueblo en general, que se beneficia de verdaderos reconocimientos de lo éticamente injustificable y de largos procesos de exposición de toda acción secreta encubierta o no asumida. Para que un pueblo tenga claro de qué puede enorgullecerse y de qué abominar y rechazar sin atenuantes. Si el crimen político no es algo que podamos validar y menos todavía justificar orgullosamente  -como fue el caso-, cuanto menos es lícito  hacerlo con el que proviene de la intervención estatal o gubernamental. Entre otras falencias, a los señores de la Corte les falta capacidad y formación intelectual para que les haya sido posible tamaña resolución, que lejos de promover un acercamiento entre argentinos divididos acentúa todavía más las profundas grietas entre ellos. La mentira nunca puede ser factor de unión más  que efímeramente.