La vida a través de Marie

por Alani Asturias Rey Rosa

Guatemala 2016

 

Trabajo Final destacado del primer cuatrimestre del 2016, producido en el marco del Seminario Trabajando en los Andamios del Psicoanálisis

a cargo del Prof. Dr. Ricardo Rodulfo

 

El recorrido de este seminario cuestiona ciertos conceptos congelados de nuestra disciplina. Uno de los objetivos -que es uno de los principales beneficios del mismo- es que se mantiene un ir y venir de “nuevos” conceptos, nuevas problemáticas; aportando a una disciplina viva, que se adapta a la vida actual. Alejándonos así de una teoría obsoleta y autoritaria, que de no cuestionarla, seríamos nosotros mismos los responsables de la desaparición del psicoanálisis.

 

A continuación se presenta el caso clínico de Marie, de 18 años. Se hará un entrelazado del caso y una aproximación teórica, pensada desde el contenido del Seminario Andamios del Psicoanálisis para poder profundizarlo desde una nueva mirada. El primer contacto que tuve fue por parte de la madre Linda, quien llama para hacer una cita. Intenta hacer un relato detallado de por qué están consultando. Se evidencia un elevado nivel de ansiedad frente a si ella puede hablar conmigo. Le explico que debido a la edad de su hija adulta esta no es la manera habitual de proceder, pero que tras conocer a Marie y hablar de esto con ella, podemos reunirnos nosotras.

 

Con el consentimiento de Marie, se acuerda darle lugar a la angustia de Linda y llevar a cabo la sesión que estaba solicitando. Linda comienza explicando acerca de su infancia, ya que le atribuye el “por qué” de los problemas de Carol, su hija mayor, quien actualmente vive en el extranjero, y de Marie. Cuenta que su madre murió de una enfermedad degenerativa cuando ella era adolescente. Nadie le explicó lo que estaba pasando, pero se daba cuenta que algo estaba mal por su estado físico. Su padre, con un importante alcoholismo y un alto grado de negligencia, deja a sus hijos. Linda pasa a vivir con una tía y su esposo, quien abusó de ella en repetidas ocasiones. No pensó que estaba mal hasta su edad adulta, cuando era madre. Es importante poner en relieve este elemento traumático muy notorio en Linda. Pasa la mayor parte de la sesión hablando de sí misma y de sus problemas. Ella no ha comparte información relevante respecto a su salud con su esposo o con sus hijas, a pesar que han presenciado algunos síntomas importantes. Dice que no deja que esto la detenga “para no afectar a sus hijas”.

 

Durante los últimos minutos de sesión, comenta que está preocupada por Marie, ya que encontró un mensaje de texto que la preocupó. Ante mi asombro a cómo consiguió leer el mensaje, comenta que como regla general sus hijas deben darle el teléfono celular durante la noche. Excusa este comportamiento debido a que de otra forma no hubiera tenido acceso a esta información y no le sería posible ofrecerle ayuda, aunque admite saber que lo que hizo no está bien. Comenta que Marie no sabe que ella leyó sus mensajes. Dados los elementos traumáticos de Linda, ha desarrollado temor a la compulsión repetitiva, lo cual la lleva a tener conductas hipervigilantes con su familia, como leer los celulares de todos para asegurarse que todo está bien. Cuando Linda necesita meterse al celular de Marie, no respeta la privacidad, lo íntimo. No acepta la diferencia entre lo que ella puede hacer y lo que puede hacer su hija. Utiliza la ley como parte de sí, como una trampa para sostener su poder y dominación sobre Marie.

 

Un tema relevante que se obtuvo en la sesión con Linda es la condición de dominio que mantiene sobre los miembros de su familia. Dadas las condiciones terribles que vivió cuando era más chica, cree que al controlar a su esposo y a sus hijas puede protegerlos de “que algo malo les pase”. Disfraza un nivel de violencia importante con el amor que les tiene y se justifica a sí misma ante conductas sumamente intrusivas. Como si en el mito familiar, Linda fuera el centro de todo, como si fuera la única manera de pensar esta familia. Con su mito enuncia leyes y mandatos. Se impone ante todos, incluso en la sesión habla poco acerca de Marie. Reduce a Carol y a Marie a ser sus hijas, no puede pensarlas como adultas con problemáticas propias, con ilusiones y desilusiones más allá de sí misma. Linda no elabora su experiencia traumática. El problema con esto es que para que lo vivenciado en otras generaciones no se repita, debe ser puesto en palabras, debe ponerse en circulación, ya que de lo contrario deja a sus hijas solas con todo su pasado, sin elementos para defenderse de estas situaciones. Más adelante, vemos también cómo ante el silencio y el secreto, Marie tampoco tiene palabras para hablar, y menos para hablarle a su mamá.

 

Pensar la violencia es difícil, mucho más difícil es identificarla y trabajar con ella. Esto tiene que ver con varios aspectos de la misma. Pensar la violencia primaria como una violencia, presenta un poco de resistencia; pero imponernos ante el otro es violento, aun cuando sea para empujarlo a vivir. Por el otro lado, nos encontramos con las violencias secundarias. Hago énfasis en las violencias, porque hay diversos tipos de violencias secundarias. Vienen en formas de palabras, actos, incluso en omisiones. La gente no se siente cómoda pensando que el ser humano puede ser violento y por ende, puede ser violentado. Sin embargo, observamos como en el caso de Marie, que es violentada todo el tiempo por una madre que se impone, que la controla y la domina. Para ninguna de las dos es fácil nombrar estas imposiciones, disfrazadas de amor, como violencias. Pero conductas hipervigilantes de Linda, despiertan conductas hipervigilantes de Marie, quien sabía que su madre leía el teléfono porque se daba cuenta de las aplicaciones que dejaba abierta. Ninguna de las dos dice nada a la otra, pero se vigilan constantemente. Un aspecto importante es que Linda, tras una vivencia muy dolorosa, hace movimientos complejos para que su hija pueda ir a análisis y tenga con quién hablar. Sin embargo, encontramos un trauma generacional porque Marie siente la angustia de Linda, pero como Linda no tiene palabras para hablar, no narra ni cuenta su angustia.

 

Cuando Marie se describe a sí misma o cuenta acerca de sus gustos, la mayoría de veces comienza aclarando que “a diferencia de su hermana…” tal o cual. Le digo que me parece curioso que use a su hermana como referencia, pero a mí me interesa conocerla a ella. Entonces comienza una oración, se queda pensando y con dificultad la termina. Como si dentro de su proceso de subjetivación, no hay palabras para ella como persona, como si sólo pudiera pensarse como una variación de la hermana, que es una variación de la madre –por lo que cuenta Marie. Trata de contar acerca de sus planes al graduarse del colegio, pero parece no encontrar las palabras ni mantener una secuencia en lo que dice. Le expreso mi dificultad para entenderla y ella dice “Yo tampoco entendí nada, creo que estoy confundida”. No es casualidad que le haya sucedido cuando la estamos pensando a ella y no en cómo se diferencia de su hermana. Sirve retomar a Stern y lo que plantea acerca del afecto/categoría y regresarle a ella las diferencias de cómo lo vive, repeticiones que no son idénticas a como lo vive su hermana o su madre. Es importante también tomar en cuenta que la mamá no puede hablar de ciertas cosas porque está deprimida y ahora Marie tampoco encuentra palabras, quedando con agujeros y vacíos en su subjetivación.

 

Funciona prestarle mi asombro y disgusto ante ciertas conductas de su madre, ya que a pesar de saber que su mamá lee su celular, por ejemplo, no se enoja porque “así es ella”. Marie, como hija de una madre con episodios depresivos, ha tenido una función invertida en la que es ella quien se supone que debe cuidar a su madre enferma. Entonces, la deja entrar en su celular, de la misma forma que la deja entrar en su cabeza. Poco a poco ha podido inaugurar una extrañeza ante ciertas conductas y nombrarlas como “raras”, ha ganado mucho al empezar a reconocer el carácter sintomático de algunas cosas que hace la madre.

 

Marie está en un colegio en el que es muy común que al graduarse continúen su educación universitaria en el exterior. Desde el inicio comenta que su plan es irse luego de terminar el año escolar, aclarando que su hermana habla “mucho” con sus papás, pero ella no es así. Ella no habla mucho y espera que entiendan que no les va a hablar tanto cuando no esté. Esto marca de una necesidad de separarse y diferenciarse en una familia donde están todos “pegosteados”, donde no hay espacio entre los cuerpos y no parece haber amor de lejos. Cuando no hay un separarse con, el proceso de separación es violento porque no hay posibilidad de trabajar juntos en la separación. Marie y su hermana tienen que irse a otro país, hablar otro idioma, tener otro horario para poder separarse de su madre, ya que no pueden separarse con ella. Comenzamos a abordar el poder separarse y diferenciarse en casa, sin tener que irse, para poder irse y hablarles cuando ella quiera. Enseguida entendió el significado de esto y acordó que le gustaría, pero igual no les hablaría tanto.

 

En su discurso es importante poder encontrar la dimensión polifónica, lo simultáneo, como platea Ricardo. Más allá de las palabras, no hay mucha elaboración subjetiva, hay agujeros generacionales importantes y una función invertida en la que pasa preguntándose qué le habrá hecho a Linda y cómo repararlo. No hay un texto que la sostenga a ella como persona, individual e irrepetible. La madre las sostiene en cuanto a variación de sí misma. A pesar de que Marie pone en contacto algo singular en esta variación, se debe trabajar en el proceso donde se pueda encontrar como sujeto. Es importante seguir su ritmo, respetar sus pausas y silencios para que pueda pensarse, para que pueda ser. Sin embargo, por ahora su ritmo es torpe y pausado, no es, ni suena natural. Como cuando uno escucha a un chiquito hablar, ahí donde cuesta amarrar la idea para que tenga sentido. También necesita introducir espacios ahí donde está escrita por la madre, ya que se escribe sin espacios, sin diferencias.

 

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Alani Asturias Rey Rosa (Guatemala) es psicóloga clínica y profesora de yoga. Graduada de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala), participante de intercambios académicos en la Universidad del Desarrollo (Santiago de Chile) y Universidad de Palermo (Buenos Aires, Argentina). Actualmente se encuentra cursando los Seminarios Psicoanalíticos de Postgrado On-line con los profesores Dr. Ricardo Rodulfo y Dra. Marisa Rodulfo.