por Ricardo Rodulfo

Este concepto, surgido en el campo de la Internet y el cual le agradecemos a Santiago Tonelli Punta haberlo introducido en nuestras recientes Jornadas en su propia ponencia, parece encontrar un muy buen lugar en la clínica de nuestros días. Hace ya varias décadas, Claude Lévi-Strauss había prevenido, en el terreno metodológico, acerca de los inconvenientes del exceso de datos para una investigación: sobrepasada cierta cantidad, tal exceso la impedía más que la facilitaba, al complicar demasiado las variables consideradas. Ocurre algo similar en un plano muy distinto con el frenesí de información: éste bloquea la capacidad subjetiva para elaborar la información y causa algo semejante a una neurosis experimental. Tal el caso de adolescentes sometidos al alud de material sobre cientos y cientos de carreras terciarias y universitarias a seguir: se aturden, se paralizan, y no sólo por el efecto mecánico de la cantidad de cantidad, sino por la manera en que tal exceso intensifica las dudas, hasta el punto de desencadenar una inhibición. Así también es el caso de esos chicos arrojados a una híper-juguetería, donde su deseo de explorar jugando se perturba por un ambiente sofocante en su abundancia, que aplasta la capacidad potencial que tienen para elegir y decidir con qué fabricar o inventar juguetes. Todas estas, situaciones pre-informáticas, ponen de manifiesto lo que la especialidad informática a su turno puede incrementar exponencialmente. Otra escena típica es la de niños expuestos a una modalidad familiar que, con las mejores intenciones “progre”, les exige decidir cosas que en verdad estarían en la esfera de responsabilidades a cargo de los papás, exigencia que también resulta abrumadora para el nivel de madurez de esos niños. Estos padres los sobre-informan de datos aún harto abstractos e impensables para los pequeños, como puede ser, por ejemplo, decidir sobre el menú que comerán.

 

En todos y cada uno de estos casos lo que debería ser ambiente facilitador se convierte en ambiente inhibidor, estimulando algo tan nocivo como es el exceso de actividad mental de un sujeto arrojado a tal escenario. Sería tan absurdo como esperar de un niño que planifique todo el año de actividades de la familia cuando todavía su medición de lo temporal es bien precaria y sumaria.

 

Cabe entonces subrayar que la vida contemporánea exhibe una profunda disimetría entre la sobreabundancia de información disponible para cada cosa y el rango normal o habitual de capacidad psíquica para procesar información a determinado ritmo. En ese sentido la velocidad de lo digital es un rasgo decisivo para la infoxicación. Esto viola la enseñanza de ciertos hallazgos biológicos, particularmente la necesidad del cerebro de contar con lapsos de cero información para trabajar bien y estar en condiciones de procesar masas de datos. Como la función del silencio en música, que no es ausencia de sonido sino presencia de silencio.