por Frank Rico (añadimos este enlace a una nota de su web que amplia la informacion de éste Recomendamos)

 

Bucaramanga, Colombia

Octubre 2 de 2017

 

Aunque en un escrito breve del Blog (1) abordé este asunto tomando como referencia bibliográfica el texto de Jean Claude Maleval titulado El autista y su voz (2009), mi objetivo es volver a demostrar que, aunque sobran lacanizaciones del Objeto transicional, así como en algún momento la moda fue cosificarlo, lo que sigue haciendo falta son lectores lúdicos de Donald Winnicott.

 

Para ello esta vez voy a tomar como material de estudio el prólogo: “¿De qué hablamos cuando hablamos de clínica winnicottiana?” que el psicoanalista bonaerense Luciano Luterau le hizo al texto de la investigadora Julieta Bareiro: Clínica del uso del objeto. La posición del analista en la obra de D. W. Winnicott (2012).

Luterau, en su lectura de Bareiro, parte de la afirmación de que “la clínica lacaniana se encuentra muy próxima de la clínica winnicottiana, a pesar de que la construcción de sus conceptos se realice de modo diverso.” (:12)

 

Sobre el tipo de construcción conceptual de Winnicott, el analista porteño cataloga que es una enseñanza “dispersa, desperdigada” y para públicos indefinidos disciplinarmente. En eso parece congraciarse con la pareja de investigadores del CONICET, el Dr. en Filosofía Adrián Bertorello & la Dra. en Psicología J. Bareiro, quienes en el seminario de posgrado de Psicología UBA “Psicoanálisis y Filosofía: el concepto de sujeto en Winnicott y Heidegger” (2012-II)  se distendían diciendo que, como el psicoanalista inglés llegaba a su casa en las noches a hacer crochet y no a formalizar sus historiales clínicos, ellos se vieron en la necesidad de completar el trabajo de Winnicott, pasando de su intuitiva teorización clínica a un nivel epistemológico trascendente, a saber, una sistematización conceptual a partir de los fundamentos estructuralistas del psicoanálisis de Jacques Lacan.

 

De esta manera Luterau se a-boca a resaltar cómo Bareiro & Bertorello (2012) lograron destrivializar ese “discurso espontáneo”, de “sentido común”, en que distorsionaron a su diamante en bruto “a la manera de un hippie liberal y risueño”, con el fin de acceder a lo más “singular” y “complejo” del pensamiento de Winnicott a partir de su interpretación lacaniana, que ellos identifican como “la comunidad hegemónica” del psicoanálisis argentino (12-3).

 

La clave para descifrar la especificidad del “tratamiento winnicottiano” está en la función de “presencia del analista”, que “implica un recorrido: de la relación de objeto al uso del objeto” o “del objeto subjetivo al objeto objetivo”, con la constitución de “el objeto transicional como mediador” (:13). Respecto a su acepción del objeto transicional, dice que tiene en común con el objeto a: que no es ni subjetivo ni objetivo, que está entre el sujeto y el Otro y que se ha perdido u olvidado; sin embargo, reconoce que éstas “no son condiciones suficientes para superponer ambos términos” (:21).

 

Aunque inicialmente yo estaría de acuerdo en que la clínica que practicó y teorizó Winnicott consiste en una “experiencia” lúdica de desalienación y de búsqueda de lo más singular de sí mismo, más que en un dispositivo significante de revelación de una “verdad”, prefiero poner entre signos de interrogación la afirmación que hizo el psicoanalista inglés en El papel de espejo de la madre y la familia en el desarrollo del niño (1967), cuando dijo que “no cabe duda de que el trabajo de Jacques Lacan, Le stade du miroir (1949), influyó en mí” (: 21).

 

Mi diferencia con este trío de investigadores porteños radica en cómo usan esa afirmación de Winnicott, cuando afirman que el Objeto transicional tiene “el papel de precedente de la concepción lacaniana del objeto a”; idea que hallaría reciprocidad en pasajes de algunos seminarios de Lacan y que, valga recordar, ya ha sido enunciada por otros poslacanianos.

 

Específicamente la crítica apunta a:

 

1) El hecho de que definan el concepto de Objeto transicional como “mediador”, con toda la carga simbólica que esa proposición implica y aunque paradójicamente ellos mismos hayan denunciado el sentido “expresivo” y “simbolizador” que habitualmente el kleinismo le ha dado al jugar clínico winnicottiano, que se realiza en la zona intermedia de lo transicional;

 

y 2) que, en consecuencia, se ubique trascendentalmente (o moebianamente) el objeto transicional entre Un mismo plano estructural que hace topológicamente homogénea [∞] la consistencia significante del sujeto del inconsciente y la del gran Otro.

 

No pretendo presentar aquí mi producción sobre la enseñanza de Winnicott del estado “pre-primario” del Desarrollo emocional, pero por el momento sí busco usar como máquina de guerra, y no como modelo epistemológico jerárquico a adoptar, el pensamiento inmanentista que Gilles Deleuze y Félix Guattari crearon en El anti-Edipo… (1972), con el fin de objetar las dos proposiciones anteriores que sostienen el discurso de Bareiro y Luterau (2012), justificándome principalmente en dos argumentos.

 

La lacanización del Objeto transicional es inválida para explicar lo más productivo del pensamiento clínico de Winnicott porque:

 

1) Ese proceder ilustra el uso ilegítimo de la primera síntesis sensible del inconsciente: la conjuntiva o de producción, que fue denunciado como paralogismo por Deleuze & Guattari, al naturalizar la intrusión que la síntesis secundaria de registro o disyunción hace en aquella, es decir, al presentar la usurpación de la transmisión edípica en la producción deseante como una invariable universal y no como una variable histórico-socialmente condicionada. Posición epistémica de la cual, a pesar de su aparente no sistematicidad conceptual, o quizá debido a ella, el psicoanalista inglés se cuidó de no llegar a incurrir. De lo cual da cuenta su trabajo arduo durante dos décadas (50 y 60) en su más importante artículo: “Objetos transicionales y fenómenos transicionales”, que fue publicado el año de su muerte en Lo real y el jugar (1971).

 

2) Porque, en consecuencia, se pierde lo más original (en el sentido de una forma diferente de decir las cosas) y complejo (en el sentido de la multiplicidad y heterogeneidad de lo real) que transita en medio del pensamiento clínico de Donald Winnicott. Lo cual logró con la producción del concepto de Objeto transicional, que acuñó a partir de su observación directa de bebés en calidad de pediatra y psiquiatra infantil, para hacer entender psicoanalíticamente la función de agenciamiento maquínico que este “fenómeno”, más que objeto, tiene en la transición inmanente (o síntesis sensible de conjunción) “entre” el plano inorgánico de lo real ontológico & el plano orgánico de la estructura significante del sujeto (2). Topología final donde se llevará a cabo las otras dos síntesis de registro o disyunción y de subjetivación o consumo, es decir, en el argot teórico de la escuela inglesa (que Deleuze & Guattari retomaron): el proceso psíquico primario que corresponde a los objetos parciales y el proceso psíquico secundario que corresponde al objeto total.

 

Para hacer preciso, estoy denunciando la reasimilación metafísica que Bareiro y Luterau (2012) hacen del pensamiento clínico winnicottiano, como ilustración de una práctica habitual de negativización a priori del objeto transicional, dentro de la lógica significante del futuro anterior. Lo que se logra al asignarle el estatuto simbólico del gran Otro al “objeto objetivo”. De esta manera se desperdicia el aporte del concepto de Ambiente, entendido desde la perspectiva del cuerpo sin órganos o desde el punto de vista del estado pre-primario, pre-psíquico y pre-significante de no integración de una libido aún no erotizada ni fantasmatizada, que el inglés apalabró como “amor destructivo”. Él diferenció ese estado original de no existencia del bebé, de la posición subjetiva esquizo-paranoide de desintegración de los objetos parciales, en la cual se aplica mortíferamente la pulsión -originalmente vital- en el seno mismo del ser, al fijarse un circuito cerrado de compulsión a la repetición en la relación de objeto regido por el orden de la ambigüedad.

 

La relevancia del concepto Ambiente es que a partir de éste Winnicott planteó el proceso de ilusión y realización, que le permitió teorizar la consistencia real de la función de maternalización en los términos positivos del acto de presentación del objeto en el preciso instante en que el neonato actualiza sensoriomotrizmente la huella mnémica de la experiencia de satisfacción. Precisamente, es con la repetición de este acto eficaz de maternaje que se va consolidando en el neonato la continuidad del “psiquesoma”, como raíz vital del ser o verdadero self; mucho antes de que el destete instaure en el psiquismo, con las experiencias de dolor, el principio de realidad freudiano.

 

Hago referencia a lo que Winnicott llamó la función de superposición de los planos subjetivo y objetivo, que realiza el ambiente suficientemente bueno; diferenciándola así de la falta instaurada por el principio de placer-displacer, que opera a posteriori con la constitución narcisista del proceso psíquico primario de los objetos parciales.

 

Queda demostrado entonces que al interpretar lacanianamente lo transicional se cierra lo singular y lo complejo de la propuesta ético-política de la clínica winnicottiana. Precisamente, queda desactivado aquello que encuentro como lo que puede llegar a fu(n)sionar como máquina de guerra de una revolución materialista, ecologista, que hoy más que nunca es necesario efectuar, a la manera de una línea de fuga que abra el logocentrismo del psicoanálisis tradicional al acontecimiento de la experiencia clínica.

 

El pensamiento binario y central, culpable de la reproducción genealógica en la cultura Occidental de la barra [“/”] que divide cartesianamente el ente del ser, es el fundamento que hay que empezar a desmitologizar con rigurosidad conceptual, para realizar lo que el Dr. Ricardo Rodulfo escribió en Padres e hijos, en tiempos de la retirada de las oposiciones (2012) como una deconstrucción del pensamiento clínico de Donald Winnicott.

 

Puedes descargar el documento “El paralogismo en la lacanización del objeto transicional. Por Frank RICO” aquí.

 

Lic. Frank Rico: : Psicoanalista colombiano, actualmente realiza su tesis de doctorado en una investigación acerca de la marginalidad en Colombia y sus efectos patógenos. Muy interesado en todo lo que acerque el psicoanálisis contemporáneo a las problemáticas sociales.

 

 

Notas:

(1) https://frankrico.jimdo.com/2016/12/12/al-objeto-transicional-le-hace-falta-el-objeto-a/

(2) Otro desarrollo parcial de esta idea lo presenté en: Transitividad. Produciendo rizoma en medio de Winnicott, Guattari y Deleuze (2013), disponible en: http://www.ufrgs.br/seerpsicsoc/ojs2/index.php/seerpsicsoc/article/view/3650/2267